En las postrimerias de mi infancia, me he visto al igual que el resto de mis congéneres, abocado a un largo encierro por una maldita pandémia, pero como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga, y durante esos tediosos e interminables días, me han vuelto a visitar algunas criaturillas, que antaño habitaron en mi mente. Con un poco de dedicación, la inestimable ayuda de mi dulce Carmencilla y durante muchas noches de desvelo, las dí a luz y ahora las muestro ampliando así los horizontes de su pequeño gran universo… ¿quieres conocerlas?